En un mundo marcado por el ruido constante, el silencio se vuelve una necesidad espiritual.
La tradición cristiana valora profundamente los momentos de recogimiento como espacios de encuentro con Dios.El silencio permite escuchar la voz interior, reflexionar sobre la propia vida y discernir con mayor claridad las decisiones importantes. No es ausencia, sino presencia de Dios actuando en lo profundo del corazón.
La reflexión diaria ayuda a crecer en madurez espiritual, a reconocer las bendiciones recibidas y a vivir con mayor gratitud. A través del silencio, la fe se fortalece y la paz interior se renueva.
Cultivar momentos de silencio es un regalo para el alma.
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