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Cuando el alma está cansada, la Sangre de Cristo se convierte en refugio Introducción

 


Hay cansancios que no se curan durmiendo.

Cansancio de luchar, de esperar, de caer y levantarse. En esos momentos, Dios no te exige fuerzas: te ofrece refugio. Y ese refugio tiene un nombre: la Sangre de Cristo.

El agotamiento espiritual silencioso

Muchos creyentes aman a Dios, pero están agotados por dentro:

  • Oran sin sentir consuelo

  • Sirven sin fuerzas

  • Creen, pero en silencio se sienten vacíos

Este agotamiento no es falta de fe. Es una señal de que el alma necesita descansar en la gracia, no en el esfuerzo.

La Sangre como lugar de descanso

La Sangre de Cristo no es solo sacrificio: es cobertura, protección, reposo.
Quien se refugia en ella:

  • No huye de la vida

  • No niega el dolor

  • Se deja sostener por Dios

“Vengan a mí los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré.”

Descansar no es rendirse

Descansar en la Sangre de Cristo es confiar en que:

  • Dios sigue obrando aunque no lo veas

  • Tu valor no depende de tu rendimiento espiritual

  • No tienes que cargar solo lo que Cristo ya cargó

Oración interior de refugio

“Señor, me cubro con tu Sangre.
Descanso en tu misericordia.
Renuncio a cargar lo que no me corresponde.”

Esta oración sencilla, repetida con fe, calma el alma cansada.

Conclusión

Cuando el alma está agotada, Dios no te empuja… te cubre.
La Sangre de Cristo no solo salva: abraza al cansado.

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