Buscar este blog

La Preciosísima Sangre de Cristo: fuente eterna de salvación


La Sangre de Cristo no es un símbolo poético ni una imagen piadosa sin fondo.

Es una realidad viva, poderosa y eterna. En cada gota derramada por Jesús se encuentra escrita la historia de nuestra redención. Desde el primer latigazo hasta la última herida abierta en la cruz, Cristo ofreció su Sangre libremente por amor a la humanidad.

La Sagrada Escritura afirma con claridad que “hemos sido rescatados no con oro ni plata, sino con la Sangre preciosa de Cristo”. Esto significa que nuestra dignidad no se mide por lo que hacemos o dejamos de hacer, sino por el precio que fue pagado por nosotros. Y ese precio fue la Sangre del Hijo de Dios.

La Sangre de Cristo purifica, sana y libera. No solo lava el pecado, sino que restaura lo que estaba roto, levanta lo que estaba caído y devuelve la esperanza a quien la había perdido. Cuando el creyente se acerca con fe a esta devoción, comienza a comprender que no camina solo, que su dolor no es ignorado y que su vida tiene un valor infinito ante Dios.

Esta devoción nos recuerda que el amor de Dios no se quedó en palabras. Se hizo carne, se hizo herida, se hizo Sangre derramada hasta el final.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario