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La Sangre de Cristo derramada en Getsemaní: obediencia en el dolor


Antes de la cruz hubo una noche. Antes de los clavos hubo sudor.

En el huerto de Getsemaní, Jesús experimentó una angustia tan profunda que su sudor se convirtió en Sangre. Allí comenzó el sacrificio silencioso, allí Cristo aceptó la voluntad del Padre con el corazón desgarrado.

La Sangre derramada en Getsemaní es la Sangre de la obediencia. Es la Sangre del “sí” dicho en medio del miedo. Jesús no huyó, no se defendió, no negoció el dolor. Se entregó.

Cuando el creyente atraviesa noches oscuras, decisiones difíciles o pruebas incomprensibles, Getsemaní se convierte en un refugio espiritual. Allí aprendemos que obedecer a Dios no siempre es fácil, pero siempre es salvador.

Esta Sangre nos enseña que incluso cuando el alma tiembla, la fidelidad a Dios produce vida.

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