Buscar este blog

La Cruz donde Cristo derramó su Sangre: ¿por qué la Iglesia la exalta hoy?


Cada 14 de septiembre, la Iglesia celebra la Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz. Pero ¿por qué los cristianos exaltamos un instrumento que antiguamente representaba sufrimiento, humillación y muerte?

Porque después de Cristo, la Cruz ya no significa solamente muerte. La Cruz se convirtió en signo de amor, entrega, redención y victoria.

Y para comprender su verdadero significado, tenemos que mirar también aquello que ocurrió sobre ella: Jesucristo derramó su Preciosísima Sangre por nuestra salvación.

La Cruz nos recuerda cuánto fuimos amados

Jesús no llegó al Calvario por accidente. Entregó voluntariamente su vida por amor.

En la Cruz encontramos al Hijo de Dios herido, coronado de espinas, clavado de manos y pies, ofreciendo su vida por una humanidad necesitada de reconciliación.

San Pedro nos recuerda que nuestra redención no fue comprada con cosas pasajeras:

«Habéis sido rescatados… con una sangre preciosa, como de cordero sin defecto ni mancha, Cristo.»
— 1 Pedro 1,18-19

Por eso, cuando un cristiano contempla la Cruz, no debería quedarse únicamente en el dolor.

Debe contemplar también el precio del amor de Dios.

De su costado salió sangre y agua

El Evangelio de san Juan nos lleva directamente al momento del Calvario:

«Uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua.»
— Juan 19,34

Aquella Sangre derramada nos conduce al misterio de nuestra redención.

La Sangre de Cristo no es simplemente un detalle de la Pasión. Nos recuerda que Jesús se entregó completamente. No se reservó nada.

Por eso la devoción a la Preciosísima Sangre de Cristo siempre debe conducirnos hacia Jesús, hacia su sacrificio, hacia la conversión y hacia una vida verdaderamente cristiana.

La Cruz no fue la derrota de Cristo

Humanamente, el Calvario parecía una derrota.

Jesús estaba crucificado. Sus discípulos habían huido. Sus enemigos pensaban que todo había terminado.

Pero Dios estaba escribiendo una historia diferente.

Lo que parecía derrota se convirtió en victoria.

Lo que parecía el final abrió el camino hacia la Resurrección.

Por eso san Pablo puede hablar de la reconciliación realizada por Cristo «haciendo la paz por la sangre de su cruz» (Colosenses 1,20).

Aquí encontramos algo profundamente hermoso:

la Cruz y la Sangre nos hablan del mismo amor redentor de Jesucristo.

¿Qué significa mirar hoy la Cruz?

Mirar la Cruz no significa buscar el sufrimiento.

Significa recordar que incluso nuestros momentos más difíciles pueden ser ofrecidos a Dios.

Tal vez hoy llevas una cruz que nadie conoce.

Una enfermedad.

Una preocupación familiar.

Una herida que todavía no sana.

Una situación económica difícil.

Una traición.

Una pérdida.

Una batalla espiritual.

Mira a Cristo crucificado.

No porque todos tus problemas desaparecerán inmediatamente, sino porque no estás mirando a un Dios distante del sufrimiento humano.

Estás mirando a Jesucristo, que conoció el dolor y permaneció fiel hasta el final.

Y allí donde tus fuerzas parecen terminar, puedes decir:

Jesús, confío en Ti.
Preciosísima Sangre de Cristo, fortalece mi fe.
Que nunca olvide el precio de mi redención.

Hoy, vuelve tus ojos hacia la Cruz

En esta Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, no contemplemos solamente la madera.

Contemplemos a Cristo que amó hasta el extremo.

Contemplemos sus manos heridas.

Contemplemos su costado abierto.

Contemplemos la Sangre derramada.

Y recordemos que el Calvario no terminó en una tumba cerrada.

Después de la Cruz llegó la Resurrección.

Por eso el cristiano puede mirar la Cruz con esperanza.

No porque el sufrimiento sea bueno en sí mismo, sino porque Jesucristo demostró que el amor de Dios puede transformar incluso aquello que parecía una derrota definitiva.

Oración

Señor Jesús,
hoy contemplo tu Santa Cruz
y recuerdo el amor con que entregaste tu vida por nosotros.

Por tu Preciosísima Sangre derramada en el Calvario,
purifica nuestro corazón,
fortalece nuestra fe,
ayúdanos a abandonar el pecado
y enséñanos a cargar nuestra cruz permaneciendo unidos a Ti.

Que al contemplar tu Cruz
nunca olvidemos el precio de nuestra redención
y que nuestra esperanza permanezca siempre puesta en Ti.

Preciosísima Sangre de Jesucristo,
derramada por nuestra salvación,
fortalécenos y condúcenos cada día más cerca de Jesús.

Amén.

Devoción a la Preciosísima Sangre de Cristo
www.ladevociondelasangredecristo.com

No hay comentarios.:

Publicar un comentario