Buscar este blog

La Sangre de Cristo en la flagelación: sanación de nuestras heridas


Cada latigazo desgarró la carne del Salvador.

Cada golpe abrió una herida que hoy sigue sanando las nuestras. La flagelación no fue solo castigo físico, fue una ofrenda espiritual por todos los cuerpos y almas quebrantadas.

La Sangre que brotó en ese momento es medicina para las heridas invisibles: traumas, rechazos, abusos, culpas profundas. Cristo cargó con el dolor humano para que nadie tuviera que sufrir solo.

Quien se acoge a esta devoción aprende a presentar sus heridas ante Dios, no con vergüenza, sino con confianza. La Sangre de Cristo no humilla, restaura.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario