Hay santos que evangelizaron desde un púlpito y santos que convirtieron cada camino, cada barco y cada imprenta en un púlpito. San Antonio María Claret pertenece a los segundos: un hombre inquieto, de fuego en el corazón, que no entendía la fe encerrada entre paredes y que repetía que el amor de Cristo nos apremia a salir al encuentro de los demás.
Su fiesta se celebra el 24 de octubre. En la víspera, desde La Devoción de la Sangre de Cristo, nos acercamos a su vida para aprender de su celo misionero, de su confianza en el Corazón Inmaculado de María y de su amor profundo por la Palabra de Dios y por la Eucaristía.
