Despedían a un ser querido y llegó la violencia
Este viernes, en la localidad de Hmood, en la provincia jordana de Karak, una comunidad cristiana se había reunido en la iglesia greco-ortodoxa de San Jorge para lo más humano y lo más sagrado: despedir a uno de los suyos. Más de 150 personas acompañaban a una familia en su duelo cuando hombres armados abrieron fuego contra los presentes. Al menos siete personas perdieron la vida y decenas resultaron heridas en un ataque que las autoridades de Jordania han calificado de terrorista y sin precedentes.
Duele pensarlo: un lugar de oración convertido en escenario de terror, un adiós que terminó en nuevas lágrimas. Pero la fe nos enseña que ni siquiera allí, en el momento más oscuro, Dios abandona a sus hijos. La muerte no tiene la última palabra sobre quienes se reunieron en su nombre.
