Hay amores que ni la muerte puede apagar. Cuando un ser querido parte de este mundo, el corazón católico no se resigna a decir adiós para siempre: sigue amando, sigue recordando y, sobre todo, sigue rezando por él. Por eso, en los días que nos acercan al 2 de noviembre, la Iglesia nos invita a vivir con especial intensidad la Novena a las Almas del Purgatorio, nueve días de oración para ayudar a nuestros difuntos en su camino hacia la luz plena de Dios.
Esta novena, que muchas familias comienzan el 24 de octubre para concluirla en la víspera del Día de los Fieles Difuntos, es una de las obras de misericordia más hermosas que podemos hacer: nadie a quien amamos está tan necesitado de nuestra ayuda como quien ya no puede ayudarse a sí mismo y espera, con esperanza, la purificación final antes de entrar en el cielo.
