Despedían a un ser querido y llegó la violencia
Este viernes, en la localidad de Hmood, en la provincia jordana de Karak, una comunidad cristiana se había reunido en la iglesia greco-ortodoxa de San Jorge para lo más humano y lo más sagrado: despedir a uno de los suyos. Más de 150 personas acompañaban a una familia en su duelo cuando hombres armados abrieron fuego contra los presentes. Al menos siete personas perdieron la vida y decenas resultaron heridas en un ataque que las autoridades de Jordania han calificado de terrorista y sin precedentes.
Duele pensarlo: un lugar de oración convertido en escenario de terror, un adiós que terminó en nuevas lágrimas. Pero la fe nos enseña que ni siquiera allí, en el momento más oscuro, Dios abandona a sus hijos. La muerte no tiene la última palabra sobre quienes se reunieron en su nombre.
«Yo soy la resurrección y la vida»
Frente al féretro de Lázaro, y frente a cada sepultura cristiana desde entonces, el Señor Jesús pronunció la promesa que sostiene a la Iglesia en días como este:
«Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá» (Jn 11,25, Biblia Latinoamericana).
En esa promesa descansan hoy los fieles de Hmood. Los que cayeron en la casa de Dios, reunidos para orar, están en las manos del Dios que no olvida a ninguno de los suyos. Y los que quedan —las familias heridas, los hospitalizados, una comunidad entera sacudida— no están solos: la Iglesia universal llora con ellos y ora por ellos.
Oración por las víctimas del atentado de Hmood
Señor Dios nuestro, mira con misericordia a tus hijos de Jordania. Recibe en tu paz a las personas que perdieron la vida en tu casa, en medio de la oración y del duelo, y consuela a sus familias con la esperanza de la vida eterna. Sana a los heridos, fortalece a la comunidad cristiana de Karak y no permitas que el miedo ni el odio echen raíces en sus corazones.
Tú, que eres el Dios de la paz, protege a tu Iglesia en Tierra Santa y en todo Oriente: que ningún templo vuelva a ser profanado por la violencia y que tus fieles puedan reunirse, despedir a sus muertos y celebrar tu nombre sin temor. Por la Sangre preciosa de tu Hijo Jesucristo, derrama tu consuelo sobre Jordania y convierte el dolor de este viernes en semilla de unidad y de paz. Amén.
Nuestros hermanos no están solos
Los cristianos de Jordania son una comunidad pequeña, alrededor del 2 % de la población, pero su fe es antigua: es la tierra de los lugares bíblicos, de generaciones que han custodiado el Evangelio en medio de dificultades. Hoy esa comunidad necesita sentir que no está olvidada, y la oración es el puente que acorta cualquier distancia.
También rezamos por quienes tienen la misión de proteger y de hacer justicia: que los heridos encuentren consuelo y cuidados, que los responsables sean detenidos sin más violencia y que las autoridades protejan a todas las comunidades del país, para que nadie tenga que temer reunirse a orar. Y rezamos por los propios jordanos de buena voluntad, musulmanes y cristianos, que hoy comparten el mismo duelo y la misma determinación de no dejar que el terror divida a su pueblo.
Encendamos hoy una vela por las víctimas de Hmood y ofrezcamos una oración por sus familias. Que el Señor, que recoge cada lágrima, sostenga a su pueblo en esta hora de prueba y nos conceda a todos un corazón que no se acostumbre jamás al dolor de los hermanos que sufren por su fe.

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