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Oración por el Papa León XIV: comunión y paz en una jornada de audiencias

Biblia abierta con rosario y velas en una capilla, con una paloma blanca junto a la ventana

Un día entero al servicio de la comunión

Este viernes, el Papa León XIV dedicó su mañana a tres audiencias que parecen un solo gesto: recibió a los canonistas de la Pontificia Universidad Gregoriana, que celebra los 150 años de su Facultad de Derecho Canónico; a los obispos de Panamá, llegados a Roma en visita ad limina; y al arzobispo mayor Sviatoslav Shevchuk, cabeza de la Iglesia greco-católica de Ucrania. A unos les habló de la comunión que hay que custodiar, a otros de los puentes que hay que construir, y con el tercero lloró y esperó por un pueblo en guerra.

Detrás de la agenda hay un corazón de pastor que, aun recuperándose de una cirugía, no deja de cargar sobre sus hombros las alegrías y las heridas de la Iglesia entera. Hoy queremos acompañarlo con lo mejor que tenemos: nuestra oración.

«Les dejo la paz, les doy mi paz»

La jornada del Papa estuvo atravesada por una palabra: paz. La paz que el derecho canónico protege cuando guarda la comunión; la paz que Panamá necesita tras el terremoto que golpeó a sus comunidades; la paz que Ucrania lleva años esperando. Y esa paz no nace de los despachos, sino de una promesa:

«Les dejo la paz, les doy mi paz» (Jn 14,27, Biblia Latinoamericana).

Esa es la paz que el Santo Padre anuncia con sus gestos: cuando pide una tregua humanitaria para que llegue alimento y medicina a Oleshky, cuando envía su cercanía a las familias panameñas que lo perdieron todo, cuando recuerda a los juristas de la Iglesia que la justicia nunca debe separarse de la misericordia. Trabajar por esa paz es también rezar por ella, sin cansarse.

Oración por el Papa y por las intenciones de su jornada

Señor Dios nuestro, te damos gracias por el Papa León XIV y por la recuperación que le permites vivir. Fortalece su salud y su ánimo, para que siga guiando a tu Iglesia con la palabra serena y el corazón abierto que hoy mostró en cada audiencia.

Mira con bondad a Panamá: consuela a las comunidades afectadas por el terremoto, acompaña a sus obispos y a sus familias, y haz de su Iglesia una constructora de puentes y un hogar para los migrantes y los más vulnerables. Mira también a Ucrania: guarda a los prisioneros de guerra cuyos nombres hoy llegaron a las manos del Papa, apresura su regreso a casa, devuelve a los niños alejados de su tierra y protege a quienes llevarán tu consuelo en la misión de caridad de los próximos días. Y a todos los que sirven a la comunión de la Iglesia, dales una justicia llena de verdad y de misericordia. Por la Sangre preciosa de tu Hijo Jesucristo. Amén.

Una intención para nuestro rosario de hoy

Hoy, al rezar, pongamos nombres concretos a nuestra intercesión: el Santo Padre y su recuperación; los obispos y las familias de Panamá; los prisioneros ucranianos que esperan en silencio; y cada persona que trabaja, en su rincón del mundo, para que la comunión venza a la división y la paz venza a la guerra.

Hay algo más que podemos aprender de esta jornada: la Iglesia es una sola familia repartida por el mundo. Lo que hoy celebró un canonista en Roma, lo que lloró un obispo panameño recordando a sus damnificados y lo que esperó un prisionero ucraniano cuyo nombre llegó al escritorio del Papa, todo eso nos pertenece también a nosotros, aunque ocurra a miles de kilómetros. Por eso la oración de hoy no es un gesto lejano: es la forma concreta en que un cristiano de Brooklyn, de Panamá o de Kyiv se reconoce hermano del otro.

Que el Señor, que deja su paz a los que ama, bendiga esta jornada del Papa y haga fecundo cada uno de sus gestos. Y que a nosotros nos conceda un corazón universal, capaz de alegrarse y de dolerse con toda la Iglesia.

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