Volvían de despedir a su pastor y no llegaron a casa
Este domingo 25 de octubre, la autopista que une Nairobi con Mombasa, en Kenia, fue escenario de una tragedia que ha enlutado a todo el país. Alrededor de las 7:00 de la mañana, en la zona de Kanga, cerca de Mtito Andei, un autobús chocó de frente contra un camión. Al menos 22 personas murieron y unas 24 resultaron heridas, según confirmaron las autoridades del condado de Makueni.
En el autobús viajaban fieles de una iglesia de Mombasa que regresaban del oeste de Kenia, donde habían asistido al funeral de su pastor. Iban de vuelta a casa, con el corazón aún en oración por quien los había acompañado en la fe, cuando la muerte los sorprendió de nuevo en el camino. Desde La Devoción de la Sangre de Cristo elevamos nuestra oración por cada uno de ellos.
«Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados»
El Señor Jesús pronunció esta bienaventuranza pensando también en días como este: «Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados» (Mt 5,4, Biblia Latinoamericana). No es una frase vacía. Es la promesa de un Dios que no abandona a sus hijos en el dolor, que se acerca a las familias que hoy esperan a las puertas de un hospital y a las que ya recibieron la peor noticia.
El balance oficial subió de 20 a 22 muertos cuando dos heridos fallecieron en el hospital de Mtito Andei, donde los médicos siguen atendiendo a los sobrevivientes. Una madre, Violet Mwandonyi, contó que viajaba con sus dos hijos y que lo último que recuerda es el llanto de todos pidiendo ayuda. Por ella, por sus hijos y por cada familia rota este domingo, rezamos.
Oración por las víctimas y los heridos de Kenia
Señor Jesús, que con tu Preciosa Sangre redimiste al mundo entero, mira con misericordia a tus hijos de Kenia. Recibe en tu Reino a los 22 hermanos que perdieron la vida en la autopista de Nairobi a Mombasa, perdona sus faltas y concédeles el descanso eterno junto a ti.
Consuela, Señor, a sus familias y a la comunidad de su iglesia en Mombasa, que hoy llora dos veces: a su pastor y a sus fieles. Sana a los heridos, guía las manos de los médicos y enfermeros que los atienden, y fortalece a los equipos de rescate que trabajaron entre los hierros del autobús. Que tu Madre, la Virgen María, cubra con su manto a cada madre, a cada hijo y a cada esposo que hoy sufre esta pérdida. Amén.
La Sangre de Cristo, consuelo de los que sufren
La devoción a la Preciosa Sangre de Cristo nos recuerda que ningún dolor humano le es ajeno al Señor: Él mismo derramó su Sangre por todos, también por estos hermanos de Kenia que hoy han partido y por los que luchan por su vida en un hospital. Esa Sangre preciosa es precio de rescate y fuente de consuelo; a ella encomendamos las almas de los fallecidos y la fortaleza de sus familias, seguros de que el amor de Dios es más fuerte que la muerte.
Invitamos a todos los lectores de La Devoción a unirse hoy en un Padre Nuestro y un Ave María por las víctimas de Kenia, por los heridos y por su iglesia en Mombasa. La oración no conoce distancias: desde Brooklyn hasta Mombasa, somos un solo cuerpo en Cristo, y el dolor de un hermano es también el nuestro.
Un llamado a cuidar la vida también en el camino
Las autoridades kenianas investigan las causas del choque; los primeros informes sugieren un adelantamiento indebido y el Gobierno ha anunciado medidas más firmes de seguridad vial. En la misma autopista, hace solo tres semanas, otro accidente dejó 17 muertos. Orar por las víctimas es también pedir que la vida sea cuidada: que cada conductor recuerde que al volante lleva en sus manos la vida de muchos.
Que esta oración llegue hasta Mombasa como un abrazo de hermanos en la fe. Kenia no está sola en su luto: la Iglesia entera, esparcida por el mundo, reza hoy por sus muertos y por sus heridos. Que el Señor les dé fortaleza, y a las víctimas, la luz perpetua. Descansen en paz.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario