Un corazón nuevo para amar como Él ama
Este domingo, en el Ángelus, el Papa León XIV nos llevó al corazón mismo del Evangelio. Un doctor de la Ley preguntó a Jesús cuál era el mandamiento más grande, y el Señor respondió con palabras que la Iglesia no se cansa de meditar: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas» (Mt 22,37, Biblia Latinoamericana). Y unió a ese mandamiento otro semejante: amarás a tu prójimo como a ti mismo.
El Santo Padre nos recordó algo que consuela y a la vez nos compromete: el amor no es una imposición, porque nadie puede amar por mandato. Nuestro amor a Dios es respuesta: Él nos amó primero. Por eso hoy queremos convertir su enseñanza en oración, y pedirle al Señor ese corazón nuevo del que habló el Papa, un corazón capaz de acoger y de vivir el gran mandamiento.
Oración: Señor, enséñanos a amar
Señor Jesús, tú que resumiste toda la Ley en el amor, mira nuestro corazón pequeño y tantas veces distraído. Enséñanos a amarte no solo con palabras, sino con todo el corazón, con toda el alma y con todas nuestras fuerzas. Que de ese amor nazca, como de una fuente, un amor verdadero por nuestros hermanos: por el que sufre cerca y por el que sufre lejos, por el amigo y por el que nos cuesta mirar con tus ojos.
Danos, Señor, un corazón nuevo. Quita de nosotros el egoísmo que nos encierra y haz que nuestra vida se haga don para quien está a nuestro lado. Que nuestras buenas obras no sean un moralismo vacío, sino frutos de tu amor viviendo en nosotros. Y que nuestra esperanza nunca sea vana, porque está apoyada en ti, que nos amaste primero.
Rezamos con el Papa por Yemen y por Jordania
Hoy unimos nuestra oración a la del Santo Padre por los pueblos que sufren. Por Yemen, y en especial por la ciudad de Taiz, donde tantas familias padecen sin alimentos, sin agua y sin atención médica: Señor, que cesen las hostilidades y que ese pueblo querido pueda vivir en paz. Por las víctimas del atentado contra la iglesia de San Jorge en Hamud, Jordania, donde nueve fieles perdieron la vida y unos 40 resultaron heridos mientras despedían a un ser querido: acoge, Señor, a los que partieron, consuela a sus familias y sana a los heridos.
Y en vísperas del encuentro de Asís, a 40 años de la jornada de oración convocada por san Juan Pablo II, te pedimos por los líderes de las Iglesias y de las religiones que se reunirán a rezar por la paz: inspira, Señor, decisiones de diálogo, y no permitas que las guerras sigan sembrando muerte y empobreciendo al mundo.
También damos gracias a Dios por la recuperación del Santo Padre, que sigue presidiendo el Ángelus domingo tras domingo y retomando poco a poco su agenda tras la cirugía de pulmón. Un pastor que, aun convaleciente, no deja de cargar en su oración a los pueblos heridos por la guerra: su testimonio nos enseña que amar al prójimo no es un discurso, sino una manera concreta de gastar la propia vida por los demás, empezando por la intercesión fiel de cada día.
La Sangre de Cristo, fuente de todo amor
¿De dónde nace un amor así? De la cruz. La Preciosísima Sangre de Cristo, derramada por nosotros, es la prueba de que Dios nos amó primero y hasta el extremo. Quien contempla esa Sangre preciosa no puede quedarse indiferente ante el hermano que sufre: el amor recibido se convierte en amor entregado.
Madre Santísima, en cuyo Corazón Inmaculado no hay más que amor, intercede por nosotros. Alcánzanos la gracia de un corazón nuevo, para amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos, hoy y todos los días de nuestra vida. Amén.

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